Un Rey Midas (2)

Entiendo que lo que nos unió entonces fue que reconocimos las potencialidades de ambos en el terreno artístico; el respeto por lo que cada cual era capaz de hacer  en este ámbito, a pesar del medio en que nos tocaba desempeñarnos.  Y entiendo que fue ese mutuo respeto el que sembró las bases de nuestra amistad.

Pasaban los años, se iba afianzando nuestra amistad a nivel personal, pero no lográbamos hacer nada juntos en el plano profesional. Lo cierto es que Aldo pasó a ser el fotógrafo más solicitado de La Fílmica; su participación en cualquier proyecto era sinónimo de garantía en el aspecto visual. Todos los directores se “lo discutían”. Porque, además, Aldo posee esa rara virtud de ser, a la vez ,un extraordinario artista y un individuo muy carismático, con un gran sentido del humor. Tener a Aldo dentro de un equipo de creación era _ debe ser todavía _ como ganarse la lotería.

Se acercaba el año 1978; las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba iban a cumplir veinte años de creadas, y se le encomienda a La Fílmica realizar un reportaje documental _monumental, por cierto_  para festejar esta fecha. Parte de la monumentalidad del proyecto se derivaba del hecho de que éste debía recoger  todo el proceso de preparación y realización de unas gigantescas maniobras militares que se iban a realizar como parte de la conmemoración.

A estas alturas todavía me pregunto porqué se pensó en mi para dirigir aquello. Cualquiera de mis colegas realizadores tenían mil veces más experiencia que yo en este tipo de filmaciones. Bueno, a decir verdad, yo no tenía ninguna experiencia; hasta esa fecha sólo había realizado un par de “documentales” más bien de mesa, o sea, de montaje.  De hecho, para materializar aquel proyecto había que movilizar a toda La Fílmica, creando varios grupos de filmaciones con sus respectivos directores, que trabajarían de forma simultánea a lo largo de toda la Isla durante semanas y meses.

Además, hablando “en plata”, habíamos un grupito allí que no pensábamos ni actuábamos a “lo militar”. Éramos el dolor de cabeza de la Fílmica; una pandilla completa de “enfant terrible”; aquellos que nunca llegábamos a tiempo a los pases de lista, que nos dejábamos crecer el pelo, esquivábamos saludar militarmente, nos enfrentábamos verbalmente, discutíamos con quien fuera;  en fin…, la cagada. De bastantes represalias nos libramos por cuenta de que ya estábamos siendo indispensables para el trabajo.

Aquello era demasiado grande para mí;  en más de una ocasión, pedí que me relevaran de esa responsabilidad _  Francisco Soto, Jefe de la Fílmica por aquel entonces puede dar fe de ello. Pero, nada, no había manera de zafarse de aquello. Es cierto que se me ofreció todo tipo de garantías, sobre todo a nivel de asesoramiento. Roberto Velázquez, Víctor Rodríguez, Abelardo Pláceres, Romano Splinter, Eduardo de la Torre y otros colegas realizadores con experiencia no sólo me ayudaron a organizar las filmaciones del aspecto militar sino que ellos mismos liderearon después varios equipos de trabajo.

Todo eso estaba muy bien pero yo no sabía aún cómo “entrarle” a aquello.  Me refiero desde el punto de vista conceptual y _ hasta donde fuera posible_ artístico.  Algo que me inquietaba era el hecho de que para aquella época ya la propia Fílmica había realizado varios reportajes con estos tipos  de maniobras. Muy bien filmados y editados, a todo color, agradables de ver, pero que se quedaban en eso, en las maniobras; no había un punto  de vista expreso. Y, bueno, después de todo, creo que eso era realmente lo que se buscaba; una especie de “memoria” de los ejercicios militares, más o menos bien armada, y ya.  Pero, yo no me veía en ésas.

En realidad, Aldo estuvo en el proyecto casi desde que se pensó. Tratándose de un proyecto de tal magnitud, era impensable que Aldo quedara por fuera. Cercano como ya era para mí en aquel entonces,  trató de darme confianza en el sentido de que yo sí podía con la magnitud del proyecto. Así  y todo,  incluso cuando ya comenzaban a darse los primeros pasos para asegurar la parte militar del proyecto, yo no acababa de “aterrizar”.

Pero, un buen día, Aldo se aparece en mi casa con “Apocalypse”, un álbum de la Mahavishnu Orchestra y la Orquesta Sinfónica de Londres, con temas compuestos por el guitarrista John MacLaughlin. Nunca supe de dónde lo sacó.  El sabía cuán importante era la música para mí en aquellos tiempos. Era la música mi primera fuente de inspiración para la creación de  imágenes. Si una música me “agarraba” yo era capaz de imaginar y realizar después prácticamente cualquier cosa . Luego, hasta podía desechar la música original, pero el carácter, la atmósfera, el tempo, el ritmo de las imágenes resultantes preservaban el sello distintivo _ la “clase”_ de la música que las había inspirado.

Entonces sí. Yo me “bebí” aquel álbum, casi que lo memoricé, y enseguida comencé a imaginar y construir la estructura definitiva de aquel documental que más allá de las maniobras militares, pasó a constituir un cuadro épico del pueblo cubano de la época, en el que se destacaba el rol de los reservistas y, en particular, el devenir de las nuevas generaciones.  Hay dos líneas de narración que se entrecruzan a lo largo del documental.  Una principal, de carácter poético; la otra, funciona como un reportaje convencional.  Las imágenes finales del  documental reflejan un punto de vista antiguerrerista;  por donde antes pasaron tanques y aviones, ahora aparecían  niños avanzando  en busca de su propio futuro _ concepto que tomé prestado de “El Fascismo Corriente” de Mijail Romm.

“Canción de Ayer y Después” fue uno de los primeros materiales de la Fílmica en exhibirse a través de los circuitos de distribución masiva del ICAIC.  Un año después,  obtuvo el Grand Prix en el Festival de Cine de Hungría, convirtiéndose en el segundo documental cubano que obtuviera tal distinción en un certamen internacional de cine_ el primero había sido “Historia de un Ballet” de José Massip en Leipzig.

Por supuesto, la labor de Aldo en este documental fue mucho más allá de haberme “iluminado” con aquella música.  Como director de fotografía, logró un desempeño impecable en todo sentido, tanto en la labor de conducción de otros camarógrafos como en su propio trabajo de operador.  Fue con esta experiencia que comenzamos a encontrar muchísimos puntos comunes en la apreciación no sólo del arte y la técnica cinematográficas, sino de la vida en general. Con él, descubrí que prácticamente todas nuestras ilusiones  pueden pasar a formar parte del universo de las imágenes compartidas, que sólo es necesario encontrar la forma adecuada de plantearlas.

“Canción de Ayer y Después” se hubiera hecho igualmente sin Aldo, pero no habría tenido ni el encanto, ni la magia, ni la trascendencia a nivel artístico que su trabajo le aportó. Algo muy parecido a lo que sucedió años después con La Botija.

(Continuará).

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Comments
4 Responses to “Un Rey Midas (2)”
  1. carlos barba dice:

    oye que bonito texto Danilo, es cierto lo que dices de Aldo, y aunque no lo conozco de años, sí me encantó trabajar con él en un par de trabajos, convivir artística y humanamente, lo reconozco en cada una de tus palabras de cariño y nostalgia, y me pongo a pensar en los trabajos de Alderete y con esto que dices, al parecer, siempre fue motor impulsor de muchos proyectos, no se… pienso en Reina y Rey, la película de García Espinosa, una delicia por imagen, y que además de ser el responsable de las mismas, Aldo tiene el mérito de esa idea, en fin…; espero con ansias la próxima parte, un abrazo fuerte y felicidades por esta gran idea del blog,

  2. Diana Fernández dice:

    Qué linda idea, Danilo.. poner por escrito, los valores de uno de los grandes de la cámara…¡Aldo!

  3. Angel Alderete dice:

    Hermano, qué bueno poder leer estos comentarios acerca de una obra que a pesar de sus 20 años, se mantiene muy fresca.
    Para mi fue una oportunidad única de compartir contigo, como amigo y realizador , al igual que con otros colegas imprescindibles como Diana, Derubin, Elisa y otros más. Creo que fue una escuela para todos, no sólo en el plano artístico, si no también en lo personal. Cuántas dificultades tuvimos que vencer; ciclones, falta de alojamiento cercano a la locación, las luces que poco a poco se fueron muriendo y no obstante, siempre se buscaba una solución artística a cada trampa que se presentaba.
    Uno de los momentos más increíbles de esta serie, es el hecho de que siempre respete, fue la rápida capacidad artística de encontrar una imagen no planificada en el guión, y ser capaz de adecuarla a los requerimientos dramáticos de la Serie. Recuerdo la secuencia antológica de Miguel Gutiérrez y de Teo, a la caída de la tarde, que improvisamos dos asientos de piedra para que ellos se sentaran y dialogaran la escena de la morriña. Todo esto teníamos que hacerlo en un tiempo de 15 minutos, porque la luz que queríamos se iba. Para mi, es una de las escenas magistrales de la serie, y eso te lo debemos a ti.
    Lo que más me entusiasma es que al cabo de 20 años y la distancia geográfica que nos separa, mantenemos una amistad que nació en el arte.

    Un abrazo

    Alderete

  4. Diana Fernández dice:

    Así mismo es, Aldo…Creo que fue una experiencia única para muchos de los que trabajamos en el proyecto. Aunque, como saben, yo no pude estar todo el tiempo en el rodaje, lo que se planificó en la intensa prefilmación se superó con creces en el rodaje..¡y así quedó la obra!…¡¡¡Suerte para nosotros de haber tomado parte de la creación de esa joya !!!…Un beso para todos desde Madrid

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