Un Rey Midas (1)

Mi  primer acercamiento a lo que luego se llamaría “La Botija” vino a través de un señor llamado Angel Alderete Gómez.

Creo recordar que por allá, a principios de los 70, Alderete fue bautizado como “Aldo”, cuando se puso de moda la “jodedera” de buscarle una rima picante a los nombres y apellidos _ bueno, era casi que con cualquier palabra. Entonces, como la gente evitaba que Alderete se les devolviera con una de las explosivas rimas de su apellido, optaron por empezar a llamarle Aldo, a secas.

Es por esa misma época que comenzamos a relacionarnos. Ambos estábamos en la Fílmica del MINFAR, donde habíamos sido llevados para cumplir nuestro Servicio Militar; también ambos proveníamos de diferentes departamentos del ICR.  Pero, inicialmente, no nos reconocimos. En parte, porque yo me mantenía encerrado en mi cuarto de Edición y Aldo estaba siempre en  la calle, como operador de cámara.

Por supuesto que coincidíamos en muchas actividades propias del Servicio como haciendo guardias, limpiando los pisos de la Fílmica, haciendo de “pinches” de cocina, los trabajos “voluntarios”, también alguna que otra actividad festiva y demás. Pero, de hecho, nos manteníamos un tanto distantes, como si habitáramos mundos diferentes.

Si la memoria no me falla, nuestro verdadero acercamiento se produce a raíz de un reportaje documental realizado en torno a la Segunda Espartaquíada de los Ejércitos Amigos,  celebrada en varias ciudades de Checoslovaquia en la primera mitad de los 70. Aldo había viajado a ese evento como parte de un equipo de filmación y había traído de vuelta unas imágenes soberbias de la competencias.  A su regreso, el director encargado no tenía ni la más remota idea de cómo armar todo aquel lío de decenas de miles de metros de película, rodado por varios camarógrafos y tenía, por demás, que seguir adelante con otras tareas.  Entonces, a mí me correspondió no sólo la edición de este documental sino ocuparme de todo el proceso de estructura y montaje, incluyendo la confección de la banda sonora, con música y locutor.

Hay un momento magistral en este reportaje. Se va a producir la carrera de relevos 4 x 400, donde Cuba tiene una cuarteta, y Aldo ( y su cámara, equipada con un zoom) está situado en el centro del Estadio, atendiendo desde allí  la filmación de otras competencias.  Unos segundos antes de que se inicie el relevo, Aldo hace panning hacia el grupo de atletas cubanos. La cámara capta el momento en que se produce el disparo de partida,  y a partir de ahí sigue la carrera con un plano cerrado durante todo el recorrido haciendo un panning de ¡360 grados! hasta terminar de nuevo en la meta con los relevistas jadeantes y victoriosos; todo esto sin un sólo corte, sin necesidad de reencuadrar, y con un foco perfecto.  Es de esos planos que te dejan boquiabiertos, que te levantan del asiento.  A mí se me ocurrió dejarlo tal cual; quizás otro editor  hubiera utilizado intercuts  para amenizar el montaje_ habían planos del mismo momento grabado por otros camarógrafos.  Pero me pareció _ y sigo sosteniendo _ que es un plano antológico; no he vuelto a ver nunca un plano semejante en filmaciones de eventos deportivos.

Entiendo que lo que nos unió entonces fue que reconocimos las potencialidades de ambos en el terreno artístico; el respeto por lo que cada cual era capaz de hacer  en este ámbito, a pesar del medio en que nos tocaba desempeñarnos.  Y entiendo que fue ese mutuo respeto el que sembró las bases de nuestra amistad.

(Continúa)

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